A veces menos es más.
- 2 sept 2017
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No puedo decir que soy una experta del cine, mucho menos puedo dar una crítica que realmente abarque todos los aspectos de una pélicula. Pero, sí disfruto mucho del arte cinematográfico.

Hace unos días fui a ver una de las peores cintas de las que logro recordar. Luz en la Copa es una película boliviana que salió el año pasado (2016), bajo una premisa y sinopsis completamente normales: Un cineasta regresa a su ciudad natal, conoce a una mujer más joven con la que empieza una especie de relación; pero nunca está del todo bien porque su pasado lo atormenta y el futuro de preocupa. Si bien se logra ver eso es dicha película no es algo realmente entendible.
Los creadores de esta dicen se salieron de lo común para llevar al cine por un camino poco explorado, con un guion que daba rienda suelta a la improvisación. Que esa película trata de todo y de nada a la vez. Que el sentido que le quisieron dar no importa, ya que cada espectador tendrá su propia perspectiva de las cosas. No estoy en contra de esa funcionalidad del cine pero creo que no les salió como querían.
Inicia con un hombre interpretando una escena de alguna película de Cantinflas, habla de guerra o levantamientos, no entendí demasiado porque el audio estaba bastante mal distribuido, pero eso lo leerán luego. Le sigue serie de escenas poco convencionales, es decir estaban de cabeza o superpuestas a otras donde una mujer le reclama el director de cine que la haya engañado. Después, una secuencia de viaje de auto a cámara rápida por Chuquisaca hasta llegar a Sucre. Luego en otra línea temporal, aparentemente, una niña se esconde de su hermano y luego juega con otras niñas, esa escena se torna extraña con clips sobrepuestos y simultáneos. Y por último está una historia de un chico mudo que toca el piano que inicia una relación con una chica de la que está enamorado. Con estas tres "historias" se construye la película pero en realidad ninguna llega a un fin completo. Sola la última es la más entendible. Puede que la película, como dijo el productor, sea deconstructiva y deje cualquier intencionalidad e interpretación al público que la vea pero a mi mi no me generó más que migraña.
¿Por qué migraña? Pues en medio de escenas, digamos de transición, ponían flashes en blanco rojo y azul de manera rápida y, como yo lo veo, con un imaginable despropósito. También la música irritante y con un volumen excesivo, que superaba incluso a los ideales dejándolos inentendibles. Eso me causó un malestar físico y posiblemente emocional pero no lo recuerdo demasiado.
Otro aspecto que de verdad me molestó fue que la dicción de los actores era pésima y entrecortada, no sé si eso haya sido a propósito pero no creo que aportara algo. Por otro lado estaba la ruptura de la cuarta pared del cine. Te sacaban de golpe de la película cuando la claqueta se interponía en la escena o cuando niños preguntaron a los camarógrafos sobre o que hacían y también cerca del final cuando repiten una escena varias veces y parece más que todo un error. De nuevo cito al productor de la película: "En una película estándar sacas esa escena, pero esta película funciona y le da vida y le da muchas más vida (...). Son cosas que no deberían estar en la película. Pero, sin embargo en esta sí pueden estar porque alimentan a la obra". Yo lo sentí como una ruptura de la continuidad de la narración que no hacía más que confundirme.
Lo único que considero rescatable es la secuencia de las niñas. Si se hubieran quedado solo con eso hubieran podido hacer un cortometraje de terror excelente.
Tal vez no entiendo el sentido de la película porque estoy acostumbrada al cine comercial y no me gustó; o tal vez salgo del canon de la expectación por el arte postmodernista siendo como el niño del cuento tradicional El Traje del Emperador. Lo único que puedo afirmar es que yo veo películas a modo de un deleite personal y si no me dio algo más que migraña no vale la pena en lo absoluto.




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